Un macroanálisis de 32 millones de tuits publicados por representantes políticos de 26 países a lo largo de seis años concluye que los partidos de ultraderecha son los principales responsables de difundir bulos e información falsa. La investigación, difundida en redes sociales, aporta evidencia empírica sobre un fenómeno que hasta ahora se percibía como evidente pero carecía de una base de datos tan amplia.
El estudio, titulado When Do Parties Lie? Misinformation and Radical-Right Populism Across 26 Countries y publicado en una revista académica, sostiene que "la desinformación política debe entenderse como parte integral de la actual ola ultraderechista y su oposición a las instituciones democráticas". Los autores subrayan que no se trata de una impresión subjetiva, sino de un patrón verificable en el comportamiento de los partidos ultras.
Evidencia frente a la percepción
El investigador David Lois, profesor titular de Psicología de la UNED, difundió los resultados y respondió a quienes restan importancia al hallazgo con un argumento recurrente: "no me digas, qué sorpresa". Lois advierte que ese tipo de reacciones, junto con la idea de que "todos desinforman" o que "los extremos son iguales", se utilizan precisamente para expandir la desconfianza social. Frente a ello, reivindica que las cosas deben respaldarse con evidencias.
El análisis también apunta a que las personas conservadoras son más proclives a creer y propagar bulos, que la desinformación parte de un número reducido de cuentas en redes sociales y que los algoritmos amplifican emociones negativas y la sensación de ultraje moral con fines de monetización. Según Lois, los partidos ultras planifican sus campañas "literalmente subidos en mierda digital", generando alarma social y un sentido de peligro inminente.
Presión sobre la investigación
El profesor señala que líderes como Trump, Musk o Abascal tienen en su punto de mira a quienes investigan la desinformación desde la ciencia, y que las tecnológicas han torpedeado de diversas formas los estudios sobre sus plataformas. Por eso insiste en la necesidad de arrojar luz sobre estas dinámicas.
El trabajo, que abarca seis años de actividad parlamentaria en redes, refuerza la tesis de que la desinformación no es un fenómeno marginal ni simétrico entre ideologías, sino una herramienta central de la ultraderecha. Los datos quedan ahora a disposición de la comunidad académica y del debate público.
