A finales del siglo XIX, el ingeniero de montes Ricardo Codorníu se propuso reverdecer las áridas laderas de Sierra Espuña, en Murcia. Para lograrlo, no dudó en emplear métodos insólitos: cargaba piñones en escopetas y trabucos y los disparaba hacia las zonas más inaccesibles. Hoy, más de 135 años después, aquel esfuerzo se ha convertido en un Parque Regional de 17.804 hectáreas que alberga casi mil especies vegetales, más de un tercio de la flora de la región.
El origen de una hazaña forestal
La historia comenzó el 19 de marzo de 1889, cuando Codorníu ascendió al pico más alto del Morrón de Espuña. Tras la nevada, anotó en sus apuntes: "No vi ni un pino ni una sola encina". De ahí concluyó que era necesario repoblar toda la sierra. Las décadas de tala, pastoreo y consumo de madera habían dejado los montes esquilmados, y sin vegetación, las riadas arrastraban el suelo. La catastrófica riada de Santa Teresa de 1879, que causó 761 muertos entre Lorca y Murcia, impulsó la creación en 1888 de la Comisión de Repoblación de la Cuenca del Segura.
Trabajo en equipo y técnicas pioneras
La Comisión estuvo formada por tres ingenieros: José Musso, Ricardo Codorníu y Juan Ángel de Madariaga. Según un estudio de la Universidad de Murcia, la repoblación comenzó bajo la dirección de Musso, y Codorníu asumió el liderazgo desde diciembre de 1895. Los trabajos arrancaron en junio de 1891 con la construcción de diques para crear suelo y evitar la erosión. Se necesitaron 240 kilómetros de caminos y sendas, 11 casas, dos almacenes, 144 kilómetros de diques en ladera con 420.000 bancalitos y dos grandes diques reguladores. La mayor parte de esas infraestructuras aún se conserva.
Se montaron siete viveros, y el Vivero Central de Levante, en Huerta Espuña, regaba sus 378 bancales con dos balsas y 1.400 metros de canales. En sus primeros cinco años suministró seis millones de coníferas y 850.000 frondosas. Pero antes de plantar, Codorníu realizó un estudio de casi dos años para colocar cada especie en el lugar adecuado, lo que explica que hoy Sierra Espuña parezca un bosque natural y no una reforestación artificial.
La escopeta como herramienta
Donde los operarios no podían llegar, se cargaban piñones en escopetas y trabucos y se disparaban en la dirección adecuada. Más del 90% de las semillas acababan devoradas por pájaros y hormigas, y los roedores daban cuenta de parte del resto. Un técnico de la Confederación Hidrográfica del Segura compara hoy este método con la siembra con drones. Sin embargo, el grueso de la obra se hizo plantando a lomos de mula con plantones de los viveros; las escopetas fueron el último recurso.
Un parque con historia y biodiversidad
En 1978 se declaró Parque Natural, y en 1992, con la Ley 4/1992, Parque Regional de 17.804 hectáreas, más de tres veces la superficie repoblada. El conjunto montañoso supera las 25.000 hectáreas. El animal más emblemático es el arruí, o muflón del Atlas, introducido en 1970 con fines cinegéticos. Su población creció tanto que en 1973 se declaró reserva nacional de caza, y hoy la Reserva Regional de Caza ocupa 14.183 hectáreas dentro del parque. También es uno de los pocos lugares donde se puede oír al búho real y al cárabo, y la presencia del águila real motivó su declaración como ZEPA. Alberga una subespecie exclusiva de ardilla y una mariposa endémica, 'Aricia morronensis'.
La Vuelta ciclista pasó por aquí en 2017, coronando el Collado Bermejo en pleno corazón de la sierra. El legado de Codorníu fue más allá: su modelo sirvió de precedente al Servicio Hidrológico-Forestal, creado en 1901, que extendió la repoblación por toda España. También repobló las dunas de Guardamar, impulsó la Fiesta del Árbol y tuvo que desmentir bulos pueblo por pueblo. Murió en 1923 sin ver el resultado final, pero pidió ser enterrado como un pino en Sierra Espuña, mirando a Cartagena. Hoy, el centro de visitantes del parque lleva su nombre y el vivero de Huerta Espuña sigue funcionando.
