La gobernadora de Arkansas, Sarah Huckabee Sanders, ha desatado una tormenta política dentro de su propio partido con la difusión de un anuncio que promueve un requisito de trabajo para los receptores de ayudas sociales en el estado. El motivo de la controversia no es el contenido de la medida, sino la identidad del beneficiario representado: un hombre blanco, aficionado a los videojuegos y llamado "Brad".
El anuncio, que buscaba ilustrar el supuesto fraude en los programas de asistencia, ha provocado reacciones airadas entre destacados comentaristas y activistas conservadores. Para muchos de ellos, el mensaje debería haber retratado a una persona negra, siguiendo el estereotipo racial que durante décadas ha vinculado a las minorías con el abuso de las ayudas públicas.
Reacciones en cadena
Las críticas no se hicieron esperar. Sean Davis, editor del blog derechista The Federalist, se quejó de que el gobierno ha discriminado sistemáticamente a los hombres blancos durante décadas y ahora se permite burlarse de ellos como si fueran "reinas del bienestar". En términos similares se expresó el comentarista británico Charles Cornish-Dale, conocido como "Raw Egg Nationalist", quien calificó el mensaje de "absoluta basura" y cuestionó si esa es realmente la posición del Partido Republicano.
El pastor de derechas Joel Webbon fue más explícito: "¿Por qué elegir a un hombre blanco? Deberías hacer que tu mensaje sea más creíble eligiendo a alguien negro". Matt Walsh, de The Daily Wire, afirmó que los negros tienen muchas más probabilidades de recibir asistencia social que los blancos, por lo que el número de jóvenes blancos solteros que abusan del sistema es prácticamente inexistente. El teórico de la conspiración Mike Cernovich llegó a especular con que los republicanos están librando una campaña de desmoralización contra los hombres blancos para que no voten en las elecciones de medio mandato.
Un estereotipo persistente
Más allá de la polémica, los datos oficiales muestran que los blancos no hispanos representan más de un tercio de los beneficiarios de ayudas sociales y alimentarias en Estados Unidos. Las mujeres son más propensas a solicitar asistencia debido a sus responsabilidades familiares, y la mayoría de los receptores trabaja o se dedica a tiempo completo al cuidado del hogar.
La imagen del joven holgazán que vive de los fondos públicos ha sido un recurso recurrente en el discurso republicano. El representante Steve Scalise defendió el año pasado los recortes a Medicaid argumentando que "las personas sin discapacidad, los treintañeros que se sientan en casa a jugar videojuegos, tendrán que buscar trabajo". El presidente de la Cámara, Mike Johnson, sostuvo que limpiar Medicaid devolvería "la dignidad del trabajo a los jóvenes que deberían estar trabajando en lugar de jugar videojuegos todo el día".
El episodio evidencia la tensión interna en el Partido Republicano entre quienes buscan justificar los recortes sociales con argumentos económicos y quienes consideran que el mensaje pierde eficacia si no se apela a los prejuicios raciales que históricamente han marcado el debate sobre el bienestar en Estados Unidos.
