El entorno de Carles Puigdemont optó por una medida extrema para proteger su información más sensible: un ordenador con Linux que jamás ha estado conectado a Internet. La decisión responde a los ataques de espionaje que sufrieron con programas como Pegasus y Candiru, capaces de tomar el control de dispositivos convencionales.
La estrategia no se limita al sistema operativo. Para redactar documentos confidenciales, el equipo funciona de forma estrictamente local, sin conexión alguna. Sin red, no hay exploit remoto posible, lo que convierte a este equipo aislado en un refugio para los planes que Puigdemont guarda desde Waterloo.
Una respuesta a años de ataques
El cerco tecnológico contra el expresident no es nuevo. La cúpula del procés ya había adoptado Signal para comunicaciones cifradas, Telegram para coordinación, ProtonMail para correo seguro y réplicas web en IPFS. Sin embargo, esas herramientas no bastaron.
Microsoft y Citizen Lab revelaron que la empresa Candiru vendía software espía a gobiernos y que su malware, DevilsTongue, aprovechaba vulnerabilidades de día cero en navegadores y en Windows para controlar por completo los equipos. Puigdemont y su círculo estuvieron entre los objetivos conocidos.
A eso se sumó el escándalo del CatalanGate, con el spyware Pegasus de NSO Group infectando móviles iOS y Android mediante enlaces maliciosos o ataques zero-click. El programa accedía a mensajes de Signal o Telegram y activaba micrófonos y cámaras en remoto. Cualquier teléfono encendido en una reunión se volvía un riesgo inasumible.
Por qué Linux y no Windows
La elección de Linux frente a Windows en un entorno air-gapped responde a varios factores. Una infección vía USB es más plausible en Windows, sobre todo sin conexión ni actualizaciones de seguridad. Además, Linux ofrece un control más fino para aplicar políticas estrictas de bloqueo de periféricos y automontaje de dispositivos.
El aspecto más determinante, ante una eventual incautación o acceso físico, es el cifrado. Linux cuenta con LUKS, un sistema de cifrado de disco transparente y robusto, que genera mayor confianza que el privativo BitLocker de Windows. Aunque en Windows también pueden aplicarse políticas restrictivas, el esfuerzo y las concesiones necesarias lo hacen menos práctico.
El caso trasciende lo doméstico: se trata de un asunto político de primera magnitud, con intereses cruzados y recursos al alcance de muy pocos. La paradoja es que, frente a las armas digitales más caras del mercado, la receta más eficaz terminó siendo la más clásica: un sistema de código abierto funcionando en local.
Mientras se especula con un posible regreso de Puigdemont a Cataluña si se despejan los últimos obstáculos legales a la amnistía, el equipo aislado sigue custodiando un plan cuyo contenido no trasciende. La historia deja una pregunta abierta sobre si un Windows sin Internet sería igual de seguro, y la respuesta, según los expertos, depende de múltiples factores.
