Centenares de miles de personas salieron a las calles de París y otras ciudades francesas para protestar contra la precariedad del sistema educativo y la represión policial. Las marchas, convocadas por estudiantes de secundaria, profesores, universitarios y sindicatos, se desarrollaron bajo una fuerte vigilancia policial y en un clima de tensión.
Cifras dispares y demandas claras
Los manifestantes contabilizaron 450.000 personas en todo el país, de las cuales 100.000 en la capital, mientras que el gobierno de Sebastien Lecornu redujo la cifra a 100.000 para el conjunto de Francia. Los estudiantes denuncian las malas condiciones de los edificios, las aulas masificadas y la falta de profesores, especialmente en los barrios populares.
"La Generación Z se levanta y quiere ser escuchada", declaró Lilia, una estudiante de 19 años, a la agencia France Presse. La joven espera que el presidente Macron les escuche: "En lugar de financiar guerras, debería financiar a su propio país".
Contexto de tensión y medidas gubernamentales
Esta nueva jornada de protestas se produce tras dos semanas de movilizaciones marcadas por incidentes, con varios estudiantes heridos, uno de ellos perdió la mano y el antebrazo por el impacto de una granada aturdidora. El primer ministro condenó la violencia al margen de las manifestaciones, pero negó que exista "represión policial" y anunció la suspensión de clases en los institutos al final de la semana para organizar un "espacio de democracia interna". Según el Ministerio de Educación, una cuarta parte de los institutos de secundaria (891 de 3.700) vieron sus clases suspendidas total o parcialmente el martes.
En este contexto, el agente de policía que disparó el lanzagranadas que hirió gravemente en el rostro a Eden, de 14 años, en Saint-Ouen-l'Aumône, ha sido imputado por violencia. El agente, imputado por "violencia ejercida por una persona depositaria de la autoridad pública con resultado de mutilación o invalidez permanente", ha quedado bajo control judicial y tiene prohibido ejercer sus funciones hasta nueva orden.
Las protestas también han generado inquietud en los mercados financieros, que ven en ellas una resistencia a los recortes presupuestarios. Francia tiene una deuda equivalente al 117% del PIB y la prima de riesgo del bono francés alcanzó un diferencial de 1,38 respecto al alemán. El malestar recuerda al movimiento de los 'Gilets jaunes' de 2018, aunque con un aire más oscuro y menos juvenil que el Mayo del 68.
El gobierno enfrenta así un nuevo desafío social a poco más de seis meses de las elecciones presidenciales, en un clima de alza de precios y búsqueda de recortes que afectan a los jóvenes, como las ayudas a la vivienda.
