En las comarcas catalanas de L’Alt Urgell y El Solsonés, los payeses de Aliñá, Cambrils y Odén han mantenido durante generaciones un ingenioso sistema para guardar las patatas que se usarán como simiente: los pozos de patatas, conocidos en la zona como 'els forats de trumfos'. Estas pequeñas construcciones excavadas en el suelo permiten conservar el tubérculo en condiciones óptimas hasta el momento de la siembra.
El investigador Jordi Pasques, junto con los agricultores Agustí Betríu y su hijo Lluis, ha documentado el ciclo anual completo de este cultivo de montaña. La familia Betríu es una de las pocas que todavía mantiene viva esta tradición, que combina conocimientos ancestrales con las necesidades del entorno rural.
Un método adaptado al clima de montaña
Los pozos de patatas son cavidades poco profundas que se cubren con tierra y materiales aislantes para proteger los tubérculos de las heladas y la humedad excesiva. Este sistema permite que las patatas destinadas a la siembra se mantengan en buen estado durante los meses fríos, garantizando así la continuidad del cultivo en la próxima temporada.
La técnica se ha transmitido de padres a hijos en los pueblos de montaña, donde las condiciones climáticas dificultan el almacenamiento convencional. A diferencia de otros métodos, los pozos aprovechan la temperatura estable del subsuelo y evitan el uso de productos químicos o instalaciones artificiales.
El trabajo de Pasques y los Betríu forma parte de un esfuerzo más amplio por preservar los oficios y costumbres tradicionales. La documentación de este ciclo agrícola permite conocer cómo se organizaba la vida rural en estas comarcas y qué soluciones ingeniosas se desarrollaron para superar las limitaciones del medio.
La conservación de las patatas de siembra en pozos subterráneos es solo una parte del proceso. El ciclo anual incluye la preparación del terreno, la plantación, el cuidado de los cultivos y la recolección, actividades que siguen un calendario marcado por las estaciones y las condiciones meteorológicas de la montaña.
A pesar de los avances tecnológicos, algunas familias como los Betríu continúan aplicando estos métodos tradicionales, que consideran más sostenibles y adaptados a su entorno. La transmisión de este conocimiento a las nuevas generaciones es fundamental para que no se pierda.
El testimonio de Agustí y Lluis Betríu, junto con la labor de investigación de Jordi Pasques, ofrece una ventana a un modo de vida que ha sabido resistir el paso del tiempo. Los pozos de patatas son un ejemplo de cómo la cultura popular encuentra soluciones prácticas a los desafíos del clima y la geografía.
La tradición de los 'forats de trumfos' se mantiene viva en Aliñá, Cambrils y Odén, donde todavía se pueden ver estas construcciones y se practica el cultivo según el ciclo anual. El interés por parte de investigadores y documentalistas contribuye a que estas costumbres no caigan en el olvido y puedan ser conocidas por el público general.
