El director de la Dirección General de Tráfico (DGT), Pere Navarro, ha vuelto a salir en defensa de la baliza V16, un dispositivo obligatorio desde principios de año pero cuya implantación está resultando complicada. A pesar de las críticas por su escasa visibilidad y las pocas activaciones registradas, Navarro insiste en que se trata de una tecnología innovadora que otros países quieren copiar.
Una defensa a ultranza
Navarro reconoce que la luz de la baliza V16 puede ser insuficiente durante el día o en cambios de rasante, pero argumenta que evita que los conductores salgan del vehículo para colocar los triángulos, reduciendo así el riesgo de atropello. "Cualquiera que haya bajado del coche para colocar los triángulos es consciente de la peligrosidad que tiene", ha declarado en Radio 5. Además, destaca su conectividad con el Punto Nacional de Información de Tráfico y los navegadores, lo que la convierte en un avance en seguridad vial.
El director de la DGT también ha querido reivindicar el carácter innovador de la iniciativa: "Chico, otra cosa no será, pero en este país somos innovadores, ingeniosos, imaginativos". Según Navarro, Alemania, Portugal, Bruselas y la Comisión Europea están siguiendo de cerca el desarrollo de esta tecnología española.
Errores de comunicación y pocas activaciones
A pesar de su defensa, Navarro admite que la comunicación no ha sido la adecuada. "Si tuviese que volverlo a hacer, probablemente enviaría una carta a todos los conductores explicándoles exactamente de qué es, por qué y para qué", ha señalado. También achaca parte del problema a las empresas que venden el dispositivo, que deberían haberlo promocionado más.
Los datos de la DGT reflejan una baja implantación: durante el verano solo se registraron 160.000 activaciones. No obstante, Navarro pide "dejemos un margen" para mejorar y consolidar el sistema. Asimismo, aclara que no se está persiguiendo a los conductores que no la llevan, aunque si un agente detecta su ausencia, puede sancionar.
El balance actual deja una baliza V16 que, pese a las críticas, sigue siendo defendida por la DGT como una apuesta de futuro que necesita tiempo para demostrar su utilidad.
