El Pentágono ha confirmado de manera sorpresiva que mantiene armas orbitales activas en el espacio, diseñadas para proteger a la Fuerza Conjunta de posibles agresiones externas. La revelación, hecha por altos mandos militares, ha encendido las alarmas sobre una nueva fase en la carrera armamentística espacial, aunque sin ofrecer datos concretos sobre su funcionamiento o ubicación.
El 14 de septiembre, el Secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, declaró que Estados Unidos «posee armas de control espacial en órbita capaces de defender a la Fuerza Conjunta contra acciones hostiles de adversarios». Al día siguiente, el jefe de la Fuerza Espacial, Douglas Schiess, reafirmó que la USSF cuenta con «armas en órbita que pueden defender a la Fuerza Conjunta contra ataques espaciales». Estas afirmaciones, sin precedentes por su franqueza, no han sido acompañadas de información técnica adicional.
Un contexto de creciente tensión orbital
La falta de detalles ha dejado un vacío que alimenta todo tipo de conjeturas. En los últimos años, las órbitas baja (LEO) y geoestacionaria (GEO) han sido escenario de maniobras cada vez más agresivas entre las potencias espaciales. Rusia ha desplegado satélites de la serie Nivelir que han seguido de cerca a satélites espías estadounidenses, mientras que EE. UU. ha utilizado su red GSSAP para inspeccionar satélites chinos y rusos en GEO. China, por su parte, ha lanzado satélites inspectores como el Shiyan 12-02 y el Shijian 31, capaces de monitorear amplias regiones del cinturón geoestacionario.
El astrónomo Jonathan McDowell ha planteado que las armas podrían ser hasta 17 satélites desplegados en misiones USSF-44, USSF-51, USSF-106 y USSF-87. Sin embargo, esta hipótesis no ha sido confirmada. Se especula con que podrían ser armas electromagnéticas para interferir comunicaciones o incluso cinéticas, pero el Pentágono guarda silencio.
El reconocimiento oficial eleva la temperatura de unas relaciones ya tensas con Rusia y China, y subraya la importancia estratégica de la órbita geoestacionaria, donde un arma podría maniobrar para acercarse a casi cualquier satélite enemigo.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación cómo la militarización del espacio avanza sin un marco de control claro, y el Pentágono se limita a confirmar la existencia de estas capacidades sin desvelar sus alcances.
