Pensiones británicas: la trampa de comparar solo la pensión estatal

En el debate sobre las pensiones españolas, el Reino Unido aparece a menudo como ejemplo de recorte y menor generosidad pública. Sin embargo, esa comparación directa entre la pensión estatal británica y la española omite un elemento esencial: en el país británico, la prestación pública es solo una pieza de un sistema de jubilación mucho más amplio.

Los datos de 2025 muestran que el 61% de los pensionistas británicos recibía además ingresos de una pensión ocupacional, y el 16% de una pensión personal. La pensión ocupacional media entre quienes la cobraban ascendía a 218 libras semanales, mientras que la pensión estatal media rondaba las 248 libras. Para una parte significativa de los jubilados, el ingreso proveniente del empleo iguala o supera al que proporciona el Estado.

Un sistema de varios pilares

El modelo británico se sostiene sobre cuatro fuentes: pensión pública, pensión ocupacional, pensión personal y ahorro e inversiones. De hecho, el 62% de los pensionistas tenía en 2025 algún ingreso procedente de inversiones. Esto significa que, al afirmar que un jubilado británico cobra menos del Estado, es imprescindible explicar qué otras fuentes de ingresos posee.

Las pensiones complementarias no surgen de la nada al jubilarse. Son el fruto de aportaciones realizadas durante décadas por trabajadores y empresas. El segundo pilar británico ha requerido toda una vida laboral para acumularse. Por eso, trasladar mecánicamente ese modelo a España no se limita a reducir la pensión pública y pedir más ahorro individual; exigiría construir durante décadas un sistema de pensiones ocupacionales mucho más desarrollado y, mientras tanto, afrontar el coste de las pensiones de quienes ya están jubilados.

Además, el sistema británico no produce los mismos resultados para todos. Los datos oficiales revelan una gran disparidad según el nivel de ingresos. Entre el 20% de pensionistas con menores ingresos, las prestaciones públicas representan el 88% de los ingresos de los solteros y el 79% de los de las parejas. En cambio, entre los pensionistas con mayores ingresos, las pensiones ocupacionales tienen un peso mucho mayor. La capacidad de complementar la pensión pública depende de haber tenido una carrera laboral estable, unos ingresos determinados y la posibilidad de acumular patrimonio.

La comparación incompleta

Utilizar el Reino Unido como argumento para limitar el peso de las pensiones públicas en España exige bastante más que señalar cuánto paga el Estado británico. Habría que explicar quién aporta las pensiones complementarias, cuánto han acumulado los trabajadores a lo largo de su vida laboral, qué ocurre con quienes no pueden ahorrar y, sobre todo, cómo se financia la transición desde un sistema predominantemente público hacia otro en el que una parte sustancial de la jubilación dependa de fondos ocupacionales y privados.

La ausencia de unos Presupuestos Generales del Estado puede ser criticable por muchas razones, pero mezclar esa cuestión con la comparación de modelos de pensiones puede dar la impresión de que el Reino Unido demuestra que una menor pensión pública conduce automáticamente a una mejor solución. Los datos no permiten extraer una conclusión tan simple.

Lo que realmente muestra el caso británico es que se puede construir un sistema de jubilación en el que el Estado proporcione una pensión relativamente contenida porque existe un potente segundo pilar basado en las aportaciones durante la vida laboral, además de ahorro privado e inversiones. Por eso, si se quiere poner al Reino Unido como ejemplo, hay que hablar del sistema completo y no solamente de la parte de la pensión que paga el Estado.