El Pegamento Imedio fue mucho más que un adhesivo escolar: su olor inconfundible y sus botecitos azules y blancos se convirtieron en un símbolo de las manualidades infantiles. Desde su fábrica en Calzada de Calatrava (Ciudad Real), la marca no solo sirvió para pegar cartulinas y papel, sino también cerámica, madera y otros materiales. Pero su legado va más allá del aula: entre 1968 y 1988, Imedio editó una serie de calendarios en colaboración con la casa Fournier, que hoy son objeto de colección.
Una colección con historia
La producción de estos calendarios comenzó en 1968 y se mantuvo durante dos décadas, aunque con interrupciones. En los primeros años, utilizaron el lema publicitario "¡No importa!", que se convirtió en un sello distintivo. También se editaron calendarios de liga de varias páginas, con portada y contraportada de cartulina, siempre de la mano de Fournier.
Los años de edición confirmados incluyen 1968, 1969, 1970, 1971, 1972, 1973, 1974, 1975, 1976, 1977, 1978, 1979, 1980, 1982, 1983, 1984, 1985, 1986 y 1988. Sin embargo, parece definitivo que 1981 y 1987 no tuvieron calendario. El ejemplar de 1980, que muestra un carro tirado por un caballo al que se le rompe una rueda, es el más difícil de encontrar.
El misterio del último año
El calendario de 1988 es el último que se imprimió, pero su existencia no está exenta de controversia. Algunos coleccionistas sostienen que podría existir otro ejemplar similar al de 1983, pero con fondo negro. Este dilema sigue abierto y los aficionados buscan pistas para resolverlo.
La historia de estos calendarios es un reflejo de la vida cotidiana en la España de la segunda mitad del siglo XX, y su colección se ha convertido en una ventana a la publicidad y el diseño de la época. Hoy, el Pegamento Imedio sigue evocando recuerdos imborrables, y sus calendarios son piezas codiciadas por los nostálgicos.
