Niño de los azotes: el castigo ajeno en la realeza

En las cortes europeas de la Edad Moderna, un menor podía ser educado junto a un príncipe con un propósito singular: recibir los castigos corporales que correspondían al heredero real. Esta figura, conocida como niño de los azotes, actuaba como sustituto en el castigo, ya que la autoridad de los tutores no alcanzaba al futuro monarca. Se esperaba que presenciar el sufrimiento de un amigo disuadiera al noble de repetir sus faltas.

Ejemplos históricos

Uno de los casos más citados es el de Eduardo VI de Inglaterra, quien tuvo como compañero a Barnaby Fitzpatrick. Según relatos de la época, Fitzpatrick era castigado en su lugar, aunque el propio Eduardo también recibía correctivos de su tutor Richard Cox. Otro ejemplo es el de Conrado IV, rey de Jerusalén, quien contó con doce compañeros que eran golpeados por sus tutores cuando él fallaba, según el Cento Novelle Antiche. También se documenta que Carlos I de Inglaterra tuvo como niño de los azotes a William Murray, quien luego fue nombrado cortesano de alcoba.

La práctica no se limitó a Europa. En la China imperial, los príncipes de la dinastía Qing tenían asistentes llamados ha'hachutsze, que recibían castigos por las travesuras del heredero. En 1876, un periódico comentó que el joven emperador Guangxu tendría un souffre-douleur que sería golpeado cada vez que el Hijo del Cielo se distrajera.

Debate sobre su existencia

La historicidad de esta figura como institución formal es objeto de polémica. Algunos autores, como Hartley Coleridge, la consideraban un privilegio exclusivo de la sangre real, mientras que John Gough Nichols la calificaba de fantasiosa. Se sabe que el castigo vicario era común en la época, como en los autos de fe donde se quemaba una efigie del condenado ausente. También se registran casos de prelados franceses azotados simbólicamente en lugar del rey Enrique IV.

La utilidad del método fue discutida. Mientras que en casos como el de Conrado IV o Carlos I pareció funcionar, con Luis XV de Francia no tuvo efecto, ya que el monarca siguió descuidando sus estudios. Erasmo de Róterdam criticó el castigo físico a los príncipes, pero no mencionó la sustitución. En 1628, John Donne comparó la práctica con una medicina administrada a otro: podía servir para la conducta, pero no para la salud.

Legado cultural y esclavitud moderna

La expresión whipping boy pasó al inglés como metáfora del chivo expiatorio. Aparece en obras como When You See Me You Know Me (1604), Gil Blas (1715), The Fortunes of Nigel (1822) y El príncipe y el mendigo (1881), donde Mark Twain dota a su protagonista de un niño de los azotes. En la literatura infantil, The Whipping Boy de Sid Fleischman ganó la Medalla Newbery en 1987.

En la actualidad, se han reportado casos de esclavos utilizados como sustitutos del castigo en Mauritania, según denuncias de Biram Dah Abeid. También en el sur de China del siglo XIX se observó a esclavos que recibían golpes por los errores de los hijos de sus amos. La figura, aunque extinta en las cortes, pervive como símbolo de injusticia y expiación vicaria.