Un equipo científico del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) ha descubierto que el propionato de imidazol (ImP), una sustancia producida por bacterias del intestino, no solo está presente en personas con aterosclerosis, sino que actúa como agente causal de la enfermedad. El trabajo, publicado en la revista Nature, sugiere que medir este metabolito en sangre podría convertirse en una herramienta sencilla para detectar la enfermedad antes de que provoque infartos o ictus.
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de muerte en el mundo y suelen originarse en la aterosclerosis, un proceso de endurecimiento y estrechamiento de las arterias provocado por la inflamación y la acumulación de grasa. Aunque existen factores de riesgo conocidos como el colesterol alto, la hipertensión o el tabaquismo, la detección temprana sigue siendo un desafío porque las pruebas actuales requieren técnicas de imagen complejas y costosas.
Un marcador temprano y causal
El estudio, en el que han participado instituciones de España, Estados Unidos, Suecia, Grecia y Alemania, demuestra que el ImP se detecta en la sangre de personas aparentemente sanas que ya tienen aterosclerosis activa. "Está producido exclusivamente por bacterias del intestino", explica Annalaura Mastrangelo, investigadora del CNIC y primera autora del trabajo. "En este trabajo hemos visto que su presencia en sangre se relaciona con el desarrollo de aterosclerosis activa en personas aparentemente sanas".
Pero el hallazgo va más allá de la simple asociación. Según Iñaki Robles-Vera, también primer autor, "no solo observamos que el ImP está elevado en personas con aterosclerosis, sino que es un agente causal de la enfermedad". En modelos animales, el consumo de este metabolito provocó la aparición de placas en las arterias al activar el receptor imidazolínico de tipo 1 (I1R), lo que desencadena una inflamación sistémica que contribuye al desarrollo de la dolencia.
El equipo también comprobó que el uso de bloqueantes de ese receptor previene la inducción de aterosclerosis por ImP y reduce su progresión en ratones alimentados con una dieta alta en colesterol. "Esto abre la posibilidad futura de un tratamiento combinado del bloqueo de I1R junto al bloqueo de la producción de colesterol para lograr un efecto que esperamos que sea sinérgico", señala David Sancho, jefe del laboratorio de Inmunobiología del CNIC y líder de la investigación.
Hacia un diagnóstico personalizado
Los resultados apuntan a un cambio de paradigma en el abordaje de la enfermedad cardiovascular. En lugar de centrarse únicamente en los factores de riesgo clásicos, en el futuro podría analizarse la presencia de ImP en sangre como una señal de alerta temprana. "En el CNIC estamos trabajando para desarrollar fármacos que bloqueen los efectos perjudiciales de ImP", añade Sancho.
El proyecto ha contado con el apoyo de la Fundación "la Caixa" y financiación del European Research Council, entre otros organismos. Los autores subrayan que este descubrimiento abre nuevas vías para el diagnóstico precoz y el tratamiento personalizado de la aterosclerosis, aunque aún se requieren más estudios para trasladar estos hallazgos a la práctica clínica.
