Alt-Matanza de Badajoz: la carnicería ordenada por Yagüe en agosto de 1936

Matanza de Badajoz: la carnicería ordenada por Yagüe en agosto de 1936

Matanza de Badajoz: la carnicería ordenada por Yagüe en agosto de 1936

La matanza de Badajoz en agosto de 1936, bajo el mando del general Yagüe, se convirtió en uno de los episodios más brutales de la Guerra Civil española. Las milicias populares defendieron la ciudad con heroísmo, pero la falta de municiones y el cerco de las columnas sublevadas llevaron a su caída y a una represión masiva.

Durante días, Badajoz sufrió bombardeos aéreos incesantes y obuses que sembraban el terror. Las columnas de Asensio y Castejón, junto al Ejército de África, habían puesto el cerco. Los republicanos, entre ellos yunteros, lavanderas, ferroviarios y maestras, resistieron con coraje, pero no llegaba artillería ni aviación de Madrid. La ciudad tenía las horas contadas.

A los republicanos les sobraba corazón, pero les faltaban municiones. La defensa heroica sucumbió. Badajoz cayó y comenzó la escabechina, la carnicería más monstruosa que se pueda imaginar. Los detenidos en la Catedral de San Juan fueron fusilados en los altares, y los congregados en la plaza del Ayuntamiento fueron ametrallados por grupos, a centenares.

El general Yagüe ordenó el encierro de los prisioneros en la plaza de toros. Se entregaron invitaciones para acudir al festejo y se instalaron focos para iluminar. En los tendidos, señoritos, falangistas, terratenientes, señoritas cristianas, monjas y frailes aguardaban impacientes la orgía de sangre. Jorge Pinto, terrateniente de Olivenza, hacía bailar a las mujeres antes de matarlas. El sargento moro Muley, vestido de torero, usaba la bayoneta como estoque contra la cara y cuello de los prisioneros.

El miliciano Juan Gallardo Bermejo arrebató la bayoneta a un legionario-torero y lo mató. Entonces, moros y legionarios se retiraron y comenzó un ametrallamiento masivo. No más de dos o tres personas sobrevivieron de más de 4.000. Se llenaron las fosas comunes. El periodista Jay Allen, del Chicago Tribune, contó 1.200 asesinados solo el día 15, entre ellos el alcalde de Badajoz, Sinforiano Madroñero, y el diputado socialista Nicolás de Pablo.

Jacques Berthet, corresponsal del Journal de Genève, informó de alrededor de 1.200 personas fusiladas, con las aceras de la Comandancia Militar empapadas de sangre. Le Populaire señaló que las ejecuciones en masa superaban los 1.500, incluyendo militares republicanos. Mario Neves, del Diario de Lisboa, describió largas hileras de cadáveres insepultos en las avenidas principales. Yagüe lo confirmó al corresponsal del New York Herald, John Whitaker: "Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar 4.000 prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj?"

El libro "La columna de la muerte", de Francisco Espinosa, documenta 1.389 ejecuciones y constata hasta 3.800. Según Paul Preston, podrían ser 2.500. La victoria final del bando sublevado y la desaparición de los archivos municipales y provinciales han impedido que estos hechos llegaran a un tribunal. En España, 140.000 personas siguen actualmente "desaparecidas".

La matanza de Badajoz permanece como un símbolo de la represión franquista, con testimonios que revelan la crueldad extrema y la impunidad que ha rodeado estos crímenes durante décadas.

Por Redacción Tus Noticias Today

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