La muerte de Maricarmen, la mujer de 87 años que se convirtió en un emblema de la resistencia contra los desahucios, ha dejado al descubierto una fractura profunda en la sociedad española. Su fallecimiento, tras haber vencido a un fondo buitre que pretendía arrebatarle su casa, ha provocado una ola de reacciones que van desde el homenaje hasta el intento de borrar su memoria. La lucha por la vivienda, lejos de unir, se ha convertido en un nuevo campo de batalla política.
Dos Españas ante la muerte de Maricarmen
Media España ha llorado a Maricarmen y ha prometido honrar su recuerdo. Se ha propuesto poner su nombre a plazas y calles, y su figura se ha coreado en manifestaciones que exigen una política de vivienda que no excluya a la mayoría. Sin embargo, la otra mitad ha optado por escurrir el bulto, buscando relatos que la dibujen como una persona de la que no hay por qué sentir pena. Se ha intentado ensuciar su memoria y minimizar su figura, con la esperanza inútil de que su nombre desaparezca de la conversación.
Maricarmen obligó a una parte del país a pelear contra su propia sensibilidad cuando se estableció que empatizar con una anciana desahuciada era automáticamente ser de izquierdas. En una sociedad donde antes de coincidir en lo más mínimo con el adversario se prefiere renunciar a un trozo de alma, el razonamiento perverso se impone: Maricarmen no es una mujer española, es una mujer de la mitad de España que no es la mía, y por tanto estoy liberado de mostrar respeto por su recuerdo. Este silogismo encaja a la perfección con la lógica de bandos en la que vivimos.
Lo mismo ocurre con el tema de la vivienda. Todos lo sufrimos, pero se ha convertido en una bandera de la izquierda, de manera que los tiempos obligan al votante de derechas a ponerse del lado de los fondos buitre y los rentistas. Es un delirio que retrata la polarización extrema de la política española.
Un legado que trasciende la división
A pesar de la división, algo ha cambiado para siempre. Las dificultades para acceder a una vivienda, los pisos turísticos, la gentrificación y el alquiler abusivo seguirán ahí, pero ya no ocurrirá más en la sombra. Lo hará bajo la luz que Maricarmen puso involuntariamente. Gracias a ella, toda España podrá acercarse a un mercado de la vivienda un poco más sensato.
La Maricarmen de media España es esperanza de una sociedad más justa para la España entera. Descanse en paz señora. Se lo ha ganado.
