Alt-La gentrificación de los puertos: solo sitio para barcos de lujo

La gentrificación de los puertos: solo sitio para barcos de lujo

La gentrificación de los puertos: solo sitio para barcos de lujo

La gentrificación portuaria está transformando los puertos españoles en resorts de lujo, dejando sin sitio a los propietarios de embarcaciones modestas. Los precios de los amarres se han disparado hasta convertirlos en un producto exclusivo para los más ricos, mientras la náutica social tradicional desaparece.

En los últimos años, la gentrificación del automóvil a nivel global es cada vez más patente, con casos como Singapur, donde tener un coche normalito de segunda mano es un lujo. Con el mar está ocurriendo lo mismo, pero a toda velocidad, y España es un buen ejemplo de ello.

La náutica social, la del aficionado que tiene una pequeña embarcación para navegar los fines de semana, está desapareciendo poco a poco de los puertos, fagocitados por grandes yates. Los precios de los amarres se han disparado, y amarrar una embarcación modesta puede costar hoy más que el valor de la propia barca.

Protestas y subidas de precios

Las protestas de armadores en puertos como Cartagena, Valencia, Ibiza o Carboneras evidencian el problema. En Ibiza, por ejemplo, un amarre para un barco de 9 metros ha pasado de 7.300 a 25.700 euros anuales, según la Gaceta Náutica.

La presión inmobiliaria sobre el litoral ha certificado la brecha. Con la renovación masiva de concesiones de puertos deportivos en Baleares y la Costa del Sol, los nuevos pliegos imponen inversiones en infraestructuras de lujo que las náuticas modestas no pueden repercutir, provocando subidas de tarifas de amarre superiores al 20% para esloras menores de 10 metros.

La transformación en resorts

La gentrificación ha llegado a los muelles y las marinas se transforman en complejos de lujo con restaurantes, salas exclusivas y servicios premium, mientras desaparecen los espacios básicos que necesita el navegante medio.

“Solo va a quedar espacio para los que tengan barcos de lujo”, resume Enrique Rey, socio de una escuela de vela en el mar Menor, en una entrevista con El Confidencial. Según él, un aficionado normal solo necesitaría una alambrada para proteger su barco y una manguera para endulzarlo, pero ese modelo no existe en España: aquí el estándar ya es la marina de lujo.

El problema no es solo de precios, también de disponibilidad. Rafael Velasco, ingeniero naval y consultor, recuerda que “el crecimiento de la población en las zonas costeras ha disparado el interés por la náutica, pero la oferta de amarres no ha crecido al mismo ritmo y en muchos enclaves ya no puede crecer más”. La consecuencia son listas de espera interminables en puertos públicos y tarifas prohibitivas en los privados.

El desequilibrio en Baleares

El desequilibrio es especialmente grave en Baleares, donde la presión turística y la llegada de armadores extranjeros, favorecida por la “libertad de bandera” desde 2010, ha multiplicado la demanda. Muchos residentes locales con barcos modestos se encuentran hoy sin alternativas.

Históricamente, los clubes náuticos han sido entidades sin ánimo de lucro para fomentar la vela y los deportes de mar. Pero la realidad es que muchos se han convertido en un modelo de servicios exclusivos para socios de alto poder adquisitivo.

El presidente de la Real Federación Española de Vela, Joaquín González Devesa, reconoce que hay clubes que no cumplen con sus objetivos sociales y deportivos: “Se debería exigirles un proyecto deportivo anual y que inviertan parte de sus ingresos en fomentar la vela federada”. Las cifras están ahí: las licencias de vela en España han pasado de unas 50.000 antes de la crisis a menos de 20.000 en 2024.

¿Qué es la náutica social?

La gran pregunta es qué entendemos por “náutica social”. Para el Govern balear llega hasta los barcos de 12 metros. Para la Autoridad Portuaria, solo hasta 8. Y para muchos armadores, simplemente debería significar que cualquier residente pueda tener acceso a navegar sin hipotecarse.

Como advierte Antonio Estades, presidente de la Asociación de Clubes Náuticos de Baleares, “si esto se generaliza, la mayoría de residentes que hoy tienen un barco no tendrán dónde meterlo. Será un desastre para la náutica”. El mar, visto siempre como un espacio de libertad, corre el riesgo de convertirse en un lujo: solo quedará sitio para los barcos de los más ricos.

Ante la imposibilidad física y económica de conseguir un amarre en propiedad o alquiler de larga duración, el sector náutico en España ha virado de forma masiva hacia los clubes de navegación por suscripción, un modelo donde el usuario paga una cuota mensual para usar diferentes embarcaciones sin asumir los costes fijos ni la eterna lista de espera portuaria.

Por Redacción Tus Noticias Today

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