
La banda de los retretes clandestinos ya controla 34 habitaciones ilegales en Barcelona
La banda de los retretes clandestinos ya controla 34 habitaciones turísticas ilegales de lujo en Barcelona, según consta en el acta levantada por los inspectores municipales tras un operativo en un piso de la calle València. La organización, que opera a través de plataformas como Airbnb, acumula 14 expedientes sancionadores por un total de 840.000 euros y 21 multas coercitivas de 89.000 euros.
El último operativo tuvo lugar hace pocos días en una vivienda de altos techos recién reformada, de más de cien metros cuadrados, ubicada en la calle València, a la altura de la calle Aribau, en el corazón del distrito del Eixample. Los inspectores y policías municipales despertaron a los huéspedes poco antes de las diez de la mañana, quienes alertaron rápidamente a los responsables del alojamiento.
"La policía está aquí ¡venid, por favor!", teclearon los turistas. "No les dejéis entrar. No sabemos quiénes son", respondieron los gestores. Los huéspedes, que habían pagado unos 200 euros por noche en una de las tres habitaciones, cada una con su propio cuarto de baño privado, permitieron finalmente la entrada a los agentes.
Un negocio en expansión
Los inspectores municipales detallan que la banda controla al menos trece inmuebles en Barcelona, y que subarriendan a turistas al menos 34 habitaciones que califican de suites. A principios de año únicamente controlaban una decena de inmuebles. Las sanciones las recurren de manera sistemática.
Marta Martín, abogada de la propietaria italiana del piso de la calle València, relata que al poco de precintar la vivienda, los miembros de la banda arrancaron todos los precintos y regresaron a su actividad. "La verdad es que a esta gente todo les da igual", afirma la letrada.
La banda debe su nombre a que no tienen reparo en hacer obras ilegales en los pisos que alquilan para subarrendar habitaciones por días. En la vivienda de la calle València construyeron un cuarto de baño para que todas las habitaciones dispusieran de uno, y tapiaron una puerta y abrieron otra para que una de las habitaciones también tuviera cocina.
El caso de la propietaria italiana
La abogada Martín explica que a finales del 2025, la propietaria italiana alquiló su piso a unos compatriotas que decían necesitarlo para sus empleados, recomendados por una inmobiliaria supuestamente de lujo. Pronto los vecinos la informaron de las obras y del constante ir y venir de turistas.
La propietaria decidió entonces alquilar una de las suites montadas en su propio piso y comprobó todas las obras realizadas. Cuando se quejó a Airbnb, la banda la acusó por correo de acoso, intimidación y amenazas, y la amenazaron con denunciarla en Italia y en España.
Cambio de estrategia
Los inspectores municipales detectaron a esta banda en 2018, pero en los últimos años aceleraron su crecimiento. "Recientemente detectamos un cambio en la tipología de los espacios que arriendan –abundan los inspectores–. Últimamente en lugar de viviendas alquilan oficinas y locales comerciales, probablemente porque tienen un coste muy inferior. Y luego hacen las reformas que consideran pertinentes".
La abogada Martín también representa a la propietaria de un local en la calle Aurora, en el Raval, cuyos inquilinos transformaron en tres habitaciones alquilables por días a través de Airbnb. En todas estas dependencias se encuentra presente el estuco veneciano, un revestimiento que imita el mármol pulido y que la banda utiliza para dar una pátina de lujo a sus habitaciones.
El entramado no funciona como una empresa tradicional, sino que está formado por diversas personas que comparten despachos de abogados, al menos ocho sociedades que firman los contratos de alquiler y cuatro o cinco anfitriones que comercializan las habitaciones. Los más espabilados son los que más dinero ganan.
Por Redacción Tus Noticias Today
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