
El portaaviones Lincoln y los caprichos navales de Trump
El USS Abraham Lincoln, uno de los diez portaaviones nucleares de la clase Nimitz de la armada de Estados Unidos, enfrenta una preocupante falta de suministros y problemas mecánicos que han minado la moral de su tripulación. El buque, pieza clave en la estrategia naval contra Irán, lleva en el mar desde noviembre del año pasado, con una sola parada breve en Omán en julio, lo que lo convierte en una de las patrullas más largas de la historia de la US Navy.
La semana pasada comenzaron a aparecer noticias sobre las difíciles condiciones a bordo: raciones en mal estado, falta de productos frescos, problemas de ventilación, duchas con moho y lavabos atascados que provocaron inundaciones de aguas fecales. La moral de la tripulación ha caído en picado, con múltiples intentos de suicidio en las últimas semanas, según reportes de la prensa estadounidense.
Problemas logísticos y estratégicos
La US Navy, orgullosa de su logística, se enfrenta a una situación embarazosa. El Lincoln fue redirigido al Oriente Medio en enero como parte de la campaña de presión contra Irán, pero la administración Trump no preparó a la marina para una guerra larga, asumiendo que Irán no opondría resistencia. El primer día de la guerra, un ataque iraní con drones y misiles destruyó gran parte de la base naval de Estados Unidos en Bahréin, el centro logístico clave para la región.
Ahora, la flota de bloqueo depende de una base británica en Diego García, a más de 3.500 kilómetros de distancia, lo que dificulta enormemente el suministro. Además, la marina debe mantener dos portaaviones en la región, lo que ha forzado a extender las patrullas más allá de los ciclos normales de 18 meses. El USS Washington relevará al Lincoln este mes, pero la sostenibilidad de la estrategia es incierta.
Caprichos de diseño naval
Mientras tanto, el presidente Trump ha intervenido en el diseño de los futuros portaaviones con ideas controvertidas. Ha ordenado rediseñar los próximos buques de la clase Ford para instalar catapultas de vapor en lugar de las electromagnéticas, a pesar de que estas últimas son más ligeras, eficientes y ya están integradas en el diseño. También ha pedido mover la isla de control hacia el centro de la cubierta, una modificación que alteraría el centro de gravedad y obligaría a rediseñar gran parte del barco, todo por razones estéticas.
Además, Trump anunció los llamados "acorazados clase Trump", un proyecto que muchos consideran inviable y que costaría unos 18.000 millones de dólares por unidad, más que un portaaviones. Se espera que el Pentágono cree comités para estudiar estas órdenes, pero es probable que los cambios no se implementen a tiempo para la construcción del USS William J. Clinton el próximo año.
Delirios y problemas reales
Estas decisiones reflejan un presidente con un contacto tenue con la realidad, que ignora a los expertos. Pero también evidencian que la marina de Estados Unidos necesita reformas urgentes, incluyendo una reevaluación estratégica. El Pentágono ha tenido una tendencia a proyectos armamentísticos complicados y costosos, un problema que precede a Trump pero que se ha agravado.
Fox News ha reaccionado a las noticias sobre el Lincoln llamando a los marineros "flojeras", mientras Trump dice que la patrulla debería ser aún más larga. La situación del portaaviones es un síntoma de una administración que no planifica a largo plazo y que pone en riesgo a sus tropas por caprichos políticos. La marina, por ahora, sostiene el bloqueo, pero la presión sobre los recursos y el personal es cada vez más insostenible.
Por Redacción Tus Noticias Today
Ver noticia original