
El Majzén, el verdadero poder marroquí: estructura y control
El majzén marroquí es la estructura de poder por antonomasia en Marruecos, comparable al “estado profundo” de otros países. Se organiza en círculos concéntricos que implican a toda la oligarquía, constituida de forma piramidal cuyo vértice es el rey de Marruecos, Mohamed VI.
De forma inmediata, el majzén implica a la familia real, líderes del país, servicios secretos, alta cúpula militar, cuerpo diplomático y oligarquía empresarial. Todos ellos constituyen el motor del poder real del estado, donde prima el interés de la corona, que es la organización común que les mantiene en el poder.
El majzén es una organización oscura de la que se sabe poco de su estructura y componentes. Solo se deja ver por la manifestación del poder económico de la élite marroquí y por su capacidad sancionadora dentro del círculo, a través de destierros, asesinatos, expulsiones, exilios y caídas en desgracia, sin contar con la omertá que circunda este anillo de poder.
Control sobre el sistema político
Con respecto al sistema político parlamentario en Marruecos, el majzén establece un estrecho control a través de una relación de sumisión del poder ejecutivo, legislativo y judicial hacia la corte real oligárquica. Esta relación se traduce en una colaboración necesaria y en el sostenimiento de una imagen de estatus quo, por el cual el majzén ejerce un poder de supervisión sobre estos tres poderes, con especial obsesión por el control religioso.
Estos poderes tienen capacidad de actuar de forma independiente siempre y cuando no entren en la esfera de influencia del majzén ni compitan con él. Por el contrario, deben ser un instrumento en las manos del poder real y su entramado social, de tal forma que se entremezclen. El majzén es un grupo elitista y separado de la sociedad, incluso de los políticos salvo de los que están en el alto rango.
A pesar de esa relación y de las formas, es el majzén el que posee el poder real, ya que en última instancia es el que condena o salva, dirige el poder sancionador o el monopolio de la fuerza, especialmente hacia sus propios ciudadanos. Busca opositores de cualquier signo y los castiga o, en muchos casos, los hace desaparecer, como en el caso del político marroquí Mehdi Ben Barka. Pero también la amistad del rey puede impulsar la vida de cualquiera más allá de su máximo natural, como en el caso de los hermanos Azaitar.
Represión dentro y fuera de Marruecos
Si su brutalidad aterroriza a los marroquíes dentro de su país, no lo es menos fuera. El complejo entramado de los servicios secretos marroquíes monitoriza las actividades de sus conciudadanos a través de asociaciones, fundaciones y mezquitas, donde el servicio de inteligencia de Marruecos tiene muchos ojos, bocas y oídos que cubren toda Europa Occidental.
Cuando en 2016 se produjo la revuelta en Alhucemas, al principio el majzén intentó restar importancia al hecho, pero con la profundización de la protesta la organización desplegó todo su poder y la abortó, deteniendo a los organizadores. Nasser Zefzafi sigue en prisión condenado a veinte años.
Desde 1975, el majzén también se ha encargado de controlar las regiones del ocupado Sáhara Occidental, poniendo especial ímpetu en la represión de cualquier elemento saharaui, nacionalista, simpatizante del Polisario y demás opositores que contestaran la invasión y ocupación de la región. Al mismo tiempo que ataca a los saharauis, apoya y protege a los colonos que sirven a Rabat.
La cuestión del Sáhara no es una “ocupación blanda”, ya que allí se han producido masacres como la del campo de refugiados de Um Draiga en 1976 con napalm y fósforo blanco, lo que constituye un crimen de lesa humanidad. También se recuerda el ataque a los trescientos saharauis que fueron quemados vivos por parte de soldados marroquíes y mauritanos, o los bombardeos de las columnas de refugiados que huían a Argelia.
Otro rasgo del majzén es la respuesta desproporcionada a la hora de desmantelar los campamentos saharauis de El Aaiún en 2010, cuando protestaban para conseguir la independencia. Crímenes sin respuesta llevados a cabo por el auténtico poder de Marruecos, el que se esconde en los recovecos del Parlamento y detrás del presidente. Esa oligarquía que emana de la Corte Real, compuesta por espías, militares, políticos, aristocracia palatina, líderes tribales y religiosos, hombres de negocios y ciertos asesores extranjeros difíciles de identificar, controla todo el destino de una nación.
Cambio generacional y ambiciones internacionales
Sin embargo, el majzén ha visto un cambio generacional. Los militares y demás cortesanos cuyo objetivo era sostener el trono a toda costa dentro de Marruecos y vivir una vida de élite está siendo sustituida por una élite más joven, menos absolutista en las formas, pero no en el fondo, y con una clara voluntad internacional. Formados lejos de los palacios y del aislado grupo elitista marroquí, estos nuevos líderes, muchos de ellos anónimos, han sido formados en las mejores universidades de Francia, Reino Unido y Estados Unidos.
Conocen el derecho internacional, sus limitaciones y ventajas, y saben crear espacios de diálogo ofreciendo lo mejor que tienen a cambio de ser considerados aliados indispensables. Su geopolítica viene claramente inspirada por los estados del Golfo, especialmente por las labores diplomáticas de estados pequeños pero muy ricos como Emiratos, Qatar o Bahréin.
Marruecos va camino de ser el hegemón del Mediterráneo Occidental y ve a Turquía como su reflejo en el Oriente Mediterráneo. Saben que poseen el apoyo de Francia, ya totalmente infiltrada por Marruecos, y de Israel, donde la población judía sefardí de origen marroquí les apoya. Sus demonios internos son los islamistas y los saharauis, y sus rivales, Argelia y España, este último país totalmente dominado y despreciado constantemente, forzado hasta el límite para beneficiar las tesis que el majzén ha tomado como suyas, las de El Fassi pero actualizadas para nuestros tiempos y la Comunidad Internacional del Siglo XXI.
Por Redacción Tus Noticias Today
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