Pasear por el corazón de Málaga se ha convertido en un recorrido por pequeños supermercados internacionales. Calles como Martínez, Molina Lario, San Agustín o Comedias concentran decenas de locales que venden aperitivos, bebidas y souvenirs, a precios más altos de lo habitual, adaptados a la demanda turística. El comercio tradicional, aquel de barrio, se diluye ante la marea de supermarkets.
"Un comercio tradicional como teníamos antes nosotros, del padre, la madre, el panadero, ya no existe", lamenta Manolo Ruiz, un comerciante de 68 años que regenta un negocio junto a la Catedral desde 2014. Ruiz describe cómo el perfil del visitante ha cambiado: "El turista últimamente no va a los museos, se mete en los supermercados a observar y comparar. Aquí entra una cantidad de gente tremenda y al final salen sin comprar".
Precios para turistas, clientes locales
La clientela de estos establecimientos es mayoritariamente turística, pero también incluye a trabajadores de la zona que buscan productos básicos. Yasmín García, empleada de uno de estos locales en calle Martínez, explica que la afluencia varía según la temporada y que, aunque tienen souvenirs, también se enfocan a quienes viven o trabajan cerca. "La mayoría de estas tiendas son para turistas, pero acaba siendo como yo lo llamo el chino del barrio: ofrecemos prácticamente de todo", señala.
Sin embargo, no todos los comercios siguen la misma estrategia. José Luis Amador, dueño del Minimarket La Revuelo en calle Duque de la Victoria, lleva 26 años manteniendo precios para el malagueño trabajador. "La botella de 1,5 litros de agua la sigo vendiendo a 1 euro; la pequeña a 0,80 euros y 1,20 euros mi lata de refresco. Los malagueños que trabajan en el centro no pueden permitirse pagar 2 o 3 euros por una botella", argumenta. Amador reconoce que ha visto una transformación "grande" en el volumen de turismo y duda que su modelo de negocio pueda sobrevivir en la Málaga actual.
Los turistas, por su parte, eligen estos locales por cercanía y practicidad. Pedro Mesquita, visitante portugués, comenta: "Elijo este supermercado porque es más rápido y más práctico. Entras y coges cosas pequeñas, no haces grandes compras". Silvia Martín, turista de Puerto Rico, coincide en que entró "por cercanía".
Residentes y comerciantes ante la transformación
La evolución del centro no solo afecta a los comerciantes. Mercedes Morrone, residente en Málaga, critica que estos supermercados son "puramente para turistas" y que para encontrar productos frescos hay que salir del casco histórico. "Málaga vive del turismo y gracias a ellos la ciudad ha crecido, entonces un poco los necesitamos, pero se están pasando. Se está masificando y los que somos de aquí nos tenemos que ir", concluye.
Pierre Ansas, cliente fiel del Minimarket La Revuelo y residente cerca del Teatro Echegaray, valora el trato humano de estos pequeños comercios frente a las grandes cadenas. "Es mejor que una tienda con cajero automático. Vengo para cosas de primera necesidad, agua, vino o lo que haga falta", afirma. Ansas recuerda que en sus 25 años viviendo en la zona han desaparecido muchos negocios tradicionales para convertirse en bares de copas.
El fenómeno de los supermarkets refleja una tensión entre la economía turística y la vida de barrio. Mientras algunos comerciantes resisten con precios ajustados, otros advierten de que el modelo actual es insostenible. La transformación del centro de Málaga sigue su curso, con locales que cambian de manos y escaparates que priorizan al visitante ocasional sobre el residente habitual.
