
Denisovanos gigantes en Taiwán: hallazgo de hace 45.000 años
Un equipo internacional de investigadores ha identificado dos huesos de pierna hallados en el Canal de Penghu, Taiwán, como pertenecientes a denisovanos, un grupo extinto de homínidos primos de los neandertales. Los fósiles, que datan de hace aproximadamente 45.000 años, revelan que estos antiguos humanos alcanzaron tamaños corporales extraordinariamente grandes, comparables a los de los humanos modernos más altos, y presentan características sorprendentes que mezclan rasgos arcaicos con otros típicamente modernos.
El descubrimiento ha sido posible gracias al análisis de proteínas antiguas extraídas de los huesos, una técnica que permite identificar especies incluso cuando el ADN no se ha conservado. Los investigadores han bautizado los especímenes como Penghu 2 (un fémur) y Penghu 3 (una tibia), y sus dimensiones sugieren que pertenecieron a individuos masculinos de gran estatura.
Los dos huesos de pierna de Penghu que presentamos aquí añaden un gran tamaño corporal a esta lista potencial [de características denisovanas], señalan los autores en el estudio.
La ciencia que identifica a los denisovanos
Los denisovanos son un grupo de homínidos que se separaron de los neandertales hace aproximadamente 550.000 años y habitaron amplias regiones de Asia oriental hasta su desaparición. Hasta ahora, se conocían principalmente por fragmentos de cráneos, dientes y una falange hallados en la Cueva de Denisova (Siberia), así como por restos descubiertos en el Tíbet, el noreste de China y Taiwán. Sin embargo, su anatomía corporal permanecía prácticamente desconocida.
El análisis proteómico —el estudio de las proteínas antiguas— ha sido clave para esta identificación. Los científicos extrajeron diminutas muestras de hueso del interior del fémur y la tibia, y mediante espectrometría de masas consiguieron secuenciar cadenas de aminoácidos, los bloques que forman las proteínas. En total, obtuvieron información de 1.856 y 3.283 aminoácidos de Penghu 2 y Penghu 3 respectivamente.
Lo más determinante fue el hallazgo de una variante específica de los denisovanos en la proteína de colágeno tipo I: el aminoácido lisina en la posición 996, en lugar de la arginina que poseen los neandertales y prácticamente todos los humanos modernos. Esta variante, denominada COL1A2 R996K, ha sido identificada previamente en otros denisovanos como el individuo de la Cueva Denisova o el de la mandíbula de Penghu.
Además, los investigadores construyeron árboles filogenéticos —mapas evolutivos que muestran las relaciones entre especies— utilizando 15 proteínas diferentes. Tanto Penghu 2 como Penghu 3 se agruparon claramente con los denisovanos, confirmando su pertenencia a este linaje.
Un tamaño corporal que rompe esquemas
Las dimensiones de estos huesos son extraordinarias. El equipo estimó la estatura y el peso de los individuos utilizando modelos tridimensionales y comparándolos con otros fósiles de homínidos. Los resultados son sorprendentes: el individuo de Penghu 2 podría haber medido aproximadamente 180 centímetros y pesar unos 83 kilogramos, mientras que Penghu 3 habría alcanzado los 190 centímetros y los 91 kilogramos.
Estas cifras colocan a estos denisovanos entre los homínidos más grandes conocidos del Pleistoceno, comparables a los mayores especímenes de África y Europa. El contraste es especialmente notable si se comparan con otros fósiles de Asia oriental. Por ejemplo, los Homo erectus de Zhoukoudian (norte de China), con una antigüedad de unos 750.000 años, eran entre 20 y 30 centímetros más bajos y pesaban entre 20 y 30 kilogramos menos.
Lo más interesante es que este gran tamaño corporal desafía una regla biológica clásica: la regla de Bergmann, que predice que los animales de sangre caliente tienden a ser más grandes en climas fríos para conservar mejor el calor. Dado que estos denisovanos vivieron en un período glacial, su gran tamaño podría encajar con esta regla. Sin embargo, los humanos modernos del Pleistoceno tardío en Asia oriental no muestran este patrón de gran tamaño, lo que sugiere que otros factores estuvieron en juego.
Esto significa que el clima glacial no explica por sí solo el tamaño corporal extremadamente grande de los denisovanos de Penghu, concluyen los investigadores.
Una mezcla de rasgos arcaicos y modernos
El fémur Penghu 2 presenta una combinación única de características. Por un lado, muestra rasgos típicamente arcaicos: su diáfisis (la caña del hueso) mantiene un grosor mediolateral estable en lugar de ensancharse hacia la articulación distal, como ocurre en los humanos modernos. Su sección transversal proximal es gruesa de adelante hacia atrás, un rasgo compartido con los neandertales y los homínidos europeos del Pleistoceno Medio.
Sin embargo, su característica más llamativa es la presencia de una fuerte pilastra femoral, un saliente óseo en la cara posterior del fémur que le da una sección transversal con forma de lágrima. Esta estructura es típica de los humanos modernos del Paleolítico Superior y está asociada con una alta movilidad terrestre. Nunca antes se había observado en homínidos arcaicos.
La tibia Penghu 3 también muestra esta mezcla de rasgos: una diáfisis relativamente recta, un grosor cortical considerable, pero con ciertas características que se aproximan a la morfología humana moderna, como un ligero aplanamiento mediolateral en su sección transversal.
¿Por qué un rasgo moderno en un homínido arcaico?
La presencia de una pilastra femoral tan desarrollada en un fémur arcaico plantea preguntas fascinantes. Los investigadores proponen dos hipótesis no excluyentes.
La primera es que estos denisovanos tuvieran un estilo de vida muy móvil, similar al de los cazadores-recolectores humanos modernos. La pilastra femoral está asociada con una mayor rigidez anteroposterior del fémur, lo que podría reflejar una adaptación a largas caminatas o carreras. Sin embargo, los autores señalan que esto podría no ser compatible con las estrategias de caza propuestas para estos denisovanos.
La segunda hipótesis sugiere un posible flujo genético desde humanos modernos hacia denisovanos. Dado que Penghu 3 data de hace aproximadamente 45.000 años, cuando los humanos modernos ya se habían expandido por Asia, no sería descartable que hubiera habido encuentros e intercambio genético. Esta idea no contradice la evidencia genómica que muestra que los denisovanos aportaron genes a las poblaciones humanas del sur de Asia.
Implicaciones para la evolución humana en Asia
Este descubrimiento se suma a un creciente cuerpo de evidencia que muestra que el este de Asia albergaba una sorprendente diversidad de homínidos durante el Pleistoceno. Junto a los denisovanos, coexistían especies como Homo erectus, Homo floresiensis y Homo luzonensis, cada uno con sus propias adaptaciones y tamaños corporales.
Los fósiles de Penghu provienen del Canal de Penghu, en el estrecho de Taiwán, donde fueron dragados del fondo marino a profundidades de entre 60 y 120 metros. Esta región formaba parte del continente durante los períodos glaciales, cuando el nivel del mar descendía y exponía vastas plataformas continentales. Los huesos formaban parte de la fauna de Penghu, un conjunto de restos de mamíferos terrestres que vivieron durante los períodos fríos del Pleistoceno medio y tardío.
Mediante datación por radiocarbono, los investigadores han determinado que algunos de estos fósiles, incluyendo Penghu 3, tienen entre 45.000 y 43.000 años de antigüedad. Esto los sitúa en el Estadio Isotópico Marino 3, un período de clima variable dentro de la última glaciación.
La dieta y el entorno de estos gigantes
Estudios isotópicos previos realizados en otro fósil de Penghu, una mandíbula también identificada como denisovana, revelaron que estos individuos tenían una dieta con un alto consumo de carne. Esto, combinado con su gran tamaño corporal, sugiere que podrían haber sido depredadores especializados que cazaban grandes presas.
La evidencia isotópica de que el individuo Penghu 3 dependía en gran medida de la carne, confirman los autores, apuntando que la hipótesis posible es que el gran tamaño corporal era esencial para su estrategia de caza, basada en un kit de herramientas diferente al de los Homo sapiens del MIS 3.
Los humanos modernos de la misma época en la región, en cambio, desarrollaron tecnologías más sofisticadas como embarcaciones para navegar y anzuelos para pescar, lo que les permitió una expansión geográfica explosiva y posiblemente una menor dependencia de la caza mayor terrestre.
Un misterio aún por resolver
A pesar de estos hallazgos, los investigadores reconocen que quedan muchas preguntas por responder. No se sabe con certeza si Penghu 2 y Penghu 3 pertenecían al mismo individuo o a individuos diferentes; sus diferentes estados de conservación proteica sugieren que podrían provenir de distintos entornos de deposición. Tampoco se conoce el sexo de estos individuos, aunque su gran tamaño apunta a que serían masculinos.
La técnica de análisis proteómico empleada en este estudio representa un avance significativo en la paleoantropología. Cuando el ADN antiguo no se conserva debido a las condiciones ambientales, las proteínas pueden sobrevivir durante decenas de miles de años y proporcionar información taxonómica crucial. Este método ya había sido utilizado previamente para identificar la mandíbula de Penghu 1, y ahora se consolida como una herramienta indispensable para el estudio de la evolución humana.
En palabras de los científicos, los resultados tanto de la variante específica de denisovanos como de la filogenia general respaldan la atribución de ambos especímenes al linaje denisovano.
Un nuevo capítulo en la historia de los denisovanos
Este descubrimiento transforma nuestra comprensión de los denisovanos. Hasta ahora, se sabía que tenían cerebros grandes, mandíbulas robustas y dientes grandes, pero su anatomía corporal era un misterio. Ahora sabemos que algunos denisovanos alcanzaron tamaños corporales sorprendentes, comparables a los humanos modernos más altos.
La presencia de rasgos modernos en estos fósiles arcaicos sugiere que la historia de los denisovanos y los humanos modernos en Asia estuvo más entrelazada de lo que se pensaba. La posible hibridación entre ambos grupos podría explicar no solo las características morfológicas observadas, sino también la presencia de genes denisovanos en poblaciones humanas actuales del este y sureste de Asia.
Quedan aún muchos interrogantes. ¿Hasta dónde se extendió este gran tamaño corporal entre los denisovanos? ¿Fue una adaptación específica de las poblaciones del sur o un rasgo generalizado? ¿Qué papel jugó la interacción con los humanos modernos en la evolución de estos homínidos? Las respuestas a estas preguntas requerirán nuevos hallazgos fósiles y análisis genómicos más detallados.
Por ahora, los huesos de Penghu nos ofrecen una ventana fascinante a un capítulo poco conocido de nuestra historia evolutiva, donde gigantes denisovanos vagaban por los bosques y llanuras del este de Asia, compartiendo el paisaje con nuestros ancestros directos y dejando en sus huesos las huellas de encuentros que aún hoy tratan de descifrarse.
Por Redacción Tus Noticias Today
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