La crisis de la vivienda en España no se explica por la inmigración, sino por un problema estrictamente estructural. Los datos oficiales del Banco de España, el Colegio de Registradores y la Seguridad Social desmontan la narrativa que señala a los migrantes como responsables del encarecimiento del alquiler, una idea que partidos como Vox utilizan para captar el malestar social.
El diagnóstico es contundente: cada año se crean 250.000 hogares en el país, pero solo se construyen 90.000 viviendas. Este desfase entre oferta y demanda es el principal motor de la escalada de precios. A ello se suma un parque público de vivienda que apenas representa el 1,5% del total, muy lejos de la media europea, y la proliferación descontrolada de pisos turísticos que detraen inmuebles del mercado residencial.
Un mercado tensionado por múltiples factores
La presión no proviene únicamente de la falta de construcción. Los fondos de inversión y los compradores extranjeros de alto poder adquisitivo también contribuyen a tensionar el mercado, especialmente en las zonas más demandadas. Estos actores compiten por un stock limitado de vivienda, lo que eleva los precios tanto de compra como de alquiler.
Paradójicamente, la mano de obra extranjera sostiene hoy una cuarta parte del sector de la edificación. Sin embargo, estos mismos trabajadores sufren las tasas más altas de discriminación y exclusión a la hora de acceder a un techo digno. La contradicción es evidente: se les necesita para construir viviendas, pero se les culpa de la falta de ellas.
El discurso que criminaliza a los migrantes choca frontalmente con la evidencia económica. La crisis residencial requiere soluciones que aborden sus causas profundas: aumentar la oferta de vivienda protegida, regular los alquileres turísticos y garantizar el acceso a la vivienda para toda la población, independientemente de su origen.
Mientras tanto, el debate público sigue centrado en chivos expiatorios en lugar de en las políticas necesarias para resolver un problema que afecta a millones de personas en España.
