Alt-Camisetas de Ucrania sí, de Palestina no: la polémica en el Mundial de waterpolo

Camisetas de Ucrania sí, de Palestina no: la polémica en el Mundial de waterpolo

Camisetas de Ucrania sí, de Palestina no: la polémica en el Mundial de waterpolo

La prohibición de símbolos palestinos en el Mundial femenino sub-18 de waterpolo que se disputa en Tenerife ha reabierto el debate sobre los criterios con los que el deporte internacional responde a los conflictos armados. Mientras una asistente denuncia que no pudo entrar con una camiseta de Palestina, otros símbolos como los de Ucrania sí fueron permitidos. El caso, que ocurre en plena competición con Israel entre las selecciones participantes, evidencia las distintas caras de los grandes eventos ante la guerra.

El incidente de la camiseta

María Hernández, nombre ficticio para preservar su anonimato, acudió con su padre al partido entre Israel y Sudáfrica en el Centro de Deportes Acuáticos de Tenerife. Llevaba una camiseta de Palestina, pero los responsables de seguridad le impidieron el acceso al considerar que vestía con “simbología política” y que podía “provocar disturbios”. “Ni siquiera darle la vuelta a la camiseta era una opción”, relató.

Ante la negativa, pidió que acudiera la Policía Nacional para que le explicaran la norma en la que se basaba la prohibición. Según su versión, los agentes apelaron a la Ley del Deporte, que establece medidas para prevenir la violencia, el racismo y la intolerancia en los recintos deportivos. Sin embargo, Amnistía Internacional considera que “el mero hecho de exhibir la bandera no puede considerarse una incitación a la violencia o cualquier otra forma de discriminación”.

Hernández preguntó si podía entrar con una camiseta de Ucrania y le dijeron que sí. Con una de Israel, también. Con una de Rusia, la respuesta fue que sería “más complicado”. “Mi pregunta era por qué dan por hecho que una camiseta de Palestina va a provocar disturbios y una de Israel no”, explicó. “Yo no estaba insultando a nadie, ni amenazando, ni buscando ningún enfrentamiento. Era literalmente una camiseta de Palestina”.

Otros episodios con la simbología palestina

El caso de María no es aislado. Otros asistentes denunciaron que se retiraron objetos con dibujos de sandía, como pendientes o un flotador, por considerarlos vinculados a la simbología palestina. También se habría impedido el acceso con mensajes de paz que, según los afectados, no contenían referencias políticas. Fuentes vinculadas a la organización del campeonato, que pidieron anonimato, confirmaron estos episodios.

El Ayuntamiento de Puerto de la Cruz, ciudad anfitriona, asegura que no decide qué selecciones participan ni establece los criterios de acceso, y remite a la organización. Esta señala que su normativa prohíbe pancartas, banderas o mensajes que inciten al odio o la discriminación, y que no se permite ninguna acción política dentro de las instalaciones, de acuerdo con el reglamento de World Aquatics. La normativa canaria, en todo caso, exige que las condiciones de acceso sean concretas, objetivas y publicadas, sin aplicación arbitraria.

El deporte ante las guerras

La polémica de Tenerife no es un caso aislado. El deporte internacional lleva años enfrentando la misma disyuntiva: ¿se sanciona al Estado, se excluye a sus selecciones o se permite competir bajo bandera neutral? Las respuestas han sido dispares. Rusia, tras invadir Ucrania en 2022, fue suspendida por FIFA y UEFA, y el COI recomendó que sus deportistas compitieran como neutrales. Cuatro años después, World Aquatics ha readmitido a jóvenes rusos y bielorrusos en competiciones juveniles, mientras otras federaciones mantienen el veto.

Israel, en cambio, continúa participando en numerosas competiciones pese a las campañas que reclaman su exclusión. FIFA no ha expulsado a su federación, aunque su Comisión Disciplinaria la sancionó en marzo de 2026 con una multa de 150.000 francos suizos por discriminación. En Yemen y Sudán, las guerras no han supuesto la expulsión, pero sí les han obligado a jugar como locales en terceros países. En el Sahel, Mali, Burkina Faso y Níger siguen compitiendo pese a la violencia y los golpes de Estado.

Una fórmula para competir

La historia ofrece incluso fórmulas para convivir con conflictos de décadas. China y Taiwán forman parte del movimiento olímpico, pero Taiwán compite bajo la denominación de China Taipéi, sin usar su nombre oficial ni su bandera. Así, la pregunta no es solo por qué una guerra llega a las gradas de una piscina, sino por qué algunas guerras condicionan quién puede competir, bajo qué bandera y en qué estadio. En Puerto de la Cruz, la discusión cabe en una camiseta de Palestina, pero el mapa es mucho más grande: Rusia excluida, Israel participando, Yemen y Sudán sin jugar en casa, y el Sahel disputando las mismas eliminatorias. El deporte no está al margen de los conflictos, y en la diferencia intervienen quién la libra, qué instituciones están implicadas y qué riesgos se consideran asumibles.

Por Redacción Tus Noticias Today

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