Brutalismo soviético: 7 edificios que parecen del futuro

El brutalismo soviético surgió en los años 60 y 70 como solución a la necesidad de construir rápidamente edificios funcionales y económicos. La clave no era un aspecto "brutal", sino el uso del hormigón visto, conocido en francés como béton brut. Tras la muerte de Stalin, Nikita Jrushchov impulsó una arquitectura más austera y minimalista que marcó la estética de la URSS.

A continuación, siete ejemplos emblemáticos de este estilo que aún hoy llaman la atención por su diseño visionario.

Estructuras que parecen naves espaciales

El Teatro de Ópera y Ballet de Chuvasia, en Cheboksary, terminado en 1985, es obra de Rubén Begunts y Victoria Teneta, quienes recibieron un Premio Estatal. Su silueta futurista se ha comparado con una estación espacial o una base de Star Wars.

En Veliki Nóvgorod, el Teatro Académico de Drama Dostoievski, construido en 1987, evoca una gigantesca nave. Su arquitecto, Vladímir Sómov, se inspiró en las antiguas iglesias de la ciudad para crear una serie de arcos de hormigón.

El Instituto Central de Investigación de Robótica y Cibernética Técnica, en San Petersburgo, es una torre de 77 metros erigida entre finales de los 70 y principios de los 80. Diseñada por Borís Artiushin y Stanislav Savin, fue concebida como laboratorio para probar tecnología espacial y es conocida como el "Tulipán".

Formas inspiradas en la ciencia

El Instituto de Química Bioorgánica, en Moscú, construido entre 1976 y 1984, es conocido como la "Molécula". Su arquitecto, Yuri Platónov, diseñó los edificios con la forma de una doble hélice de ADN, un detalle que solo se aprecia desde el aire.

El Centro Nacional de Investigación Oncológica Blojín, también en Moscú, fue levantado en los años 70. Su pesada arquitectura de hormigón impresionó e inquietó a los vecinos, en parte por su aspecto sombrío y la función médica del complejo.

Soluciones prácticas y futuristas

La Casa de los Aviadores, en la calle Begováia de Moscú, es conocida como el "Ciempiés" o la "Casa con patas". Diseñada por Andréi Meyerson como hotel para los Juegos Olímpicos de 1980, acabó siendo un bloque de viviendas para trabajadores de una fábrica de aviones. Sus enormes pilares de hormigón permiten que el aire circule y dispersan los gases de la cercana avenida Leningradski.

El Sanatorio 'Druzhba', en Yalta, es llamado el "Platillo volador". El arquitecto Ígor Vasílevski lo elevó sobre tres gigantescos pilares para adaptarlo al relieve costero. Sus ventanas en forma de panal aligeran la monumentalidad y le dan un aspecto casi futurista.

Estos edificios muestran cómo el brutalismo soviético combinó funcionalidad y audacia formal, dejando un legado arquitectónico que sigue fascinando por su visión de futuro.