Alt-Bellotas y alimentación en el norte peninsular: ¿tenía razón Estrabón?

Bellotas y alimentación en el norte peninsular: ¿tenía razón Estrabón?

Bellotas y alimentación en el norte peninsular: ¿tenía razón Estrabón?

La afirmación del geógrafo griego Estrabón sobre la alimentación de los pueblos del norte de Hispania ha sido objeto de debate durante siglos. Un reciente estudio arqueológico sobre Numancia aporta evidencias que respaldan la veracidad de sus palabras, mostrando que las bellotas eran un recurso alimenticio clave y no un simple alimento de emergencia.

En el libro III de su Geografía, Estrabón describió que los pueblos del noroeste «durante dos tercios del año se alimentan de bellotas, que secan, trituran para hacer pan y conservan durante mucho tiempo». Durante décadas, esta frase se interpretó como una prueba del supuesto atraso económico de astures, cántabros y galaicos, sociedades consideradas primitivas por los autores clásicos.

Sin embargo, la arqueología moderna está cambiando esta visión. El estudio publicado en la revista Complutum sobre Numancia, aunque pertenece al ámbito celtibérico, ofrece conclusiones relevantes para comprender el papel de las bellotas en la alimentación de los pueblos del norte peninsular.

Evidencias arqueológicas del consumo de bellotas

Los análisis de almidones realizados en molinos de piedra y recipientes cerámicos de Numancia han identificado restos de Quercus, con alteraciones que indican que las bellotas fueron tostadas, cocidas y molidas. Este proceso coincide exactamente con la descripción de Estrabón: secar, triturar y convertir en harina para hacer pan.

Los autores del estudio destacan que las bellotas no eran un recurso de emergencia, sino un alimento perfectamente integrado en la economía de la Edad del Hierro. Eran abundantes, fáciles de recolectar, se cosechaban en otoño tras las labores agrícolas y podían conservarse durante años, lo que las convertía en una reserva alimenticia estratégica.

A pesar de ello, la base de la alimentación seguía siendo la agricultura cerealista. Los cereales ocupaban un lugar central, mientras que las bellotas actuaban como complemento de gran importancia. Esta estrategia diversificada combinaba agricultura, ganadería y aprovechamiento del bosque.

La bellota como símbolo cultural

El estudio también revela que las bellotas tenían un valor simbólico más allá de lo alimenticio. Se han encontrado numerosos objetos decorados con motivos de bellotas, como torques, fíbulas y pendientes, procedentes de yacimientos de la Meseta y del norte peninsular, incluyendo territorios vinculados a los astures como Campa Torres o Lancia.

La reiteración de este motivo sugiere que la bellota estaba asociada a conceptos como fertilidad, abundancia o identidad. El bosque no era solo una fuente de recursos, sino parte de la construcción simbólica de estas sociedades.

Releyendo a Estrabón

Estas evidencias obligan a releer el pasaje de Estrabón desde una nueva perspectiva. Aunque la cifra de «dos tercios del año» probablemente sea una simplificación retórica, el fondo de su afirmación encuentra respaldo arqueológico. Las bellotas eran un recurso estratégico en la economía prerromana, y su importancia fue mayor de lo que se admitía.

En el caso de los astures, las pruebas arqueobotánicas son aún escasas, pero la similitud de paisajes y la abundancia de robles y encinas hacen razonable pensar que el aprovechamiento de bellotas fue similar. El desafío futuro será encontrar evidencias directas comparables a las de Numancia en los castros astures.

Si así fuera, uno de los pasajes más discutidos de Estrabón dejaría de verse como una exageración para convertirse en un testimonio etnográfico corroborado por la arqueología. La investigación continúa abierta, pero los datos actuales apuntan a que el geógrafo griego tenía razón en lo esencial.

Por Redacción Tus Noticias Today

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