Drones ucranianos atacaron este viernes una refinería y el considerado mayor depósito de combustible de Europa, propiedad del consorcio estatal Transneft, en la región rusa de Samara. El ataque forma parte de una serie de acciones que, según el propio Vladimir Putin, han costado a Rusia aproximadamente un 1% de su PIB.
El parque de depósitos de Transneft, donde se escucharon explosiones durante la noche según testigos citados por el canal independiente Astra en Telegram, alberga el mayor nudo de tanques de petróleo del continente, con más de 1,6 millones de metros cúbicos de capacidad. Estas instalaciones, que ocupan más de 200 hectáreas, reciben crudo de cuatro oleoductos procedentes de Siberia, Tatarstán, Orenburgo y Kazajistán.
El Ministerio de Defensa ruso solo confirmó que Samara fue objeto de ataques con drones enemigos, mientras que las autoridades locales informaron sobre el cierre del aeropuerto regional. En paralelo, el gobernador de la región de Volgogrado, Andréi Bocharov, comunicó "un ataque masivo contra la infraestructura industrial", que según Astra incluyó una refinería y la empresa química Kaustik, donde se habrían declarado incendios.
Contexto de los ataques
El presidente ruso, Vladímir Putin, quien aseguró la víspera que su país no tiene déficit de combustible, prohibió recientemente la publicación en los medios de datos sobre los volúmenes de exportación y procesamiento de las refinerías del país, decenas de las cuales han sido atacadas por Kiev en los últimos meses. De hecho, Putin admitió el jueves que dichos ataques han costado a Rusia aproximadamente un 1% del PIB nacional, con lo que reconoció que Kiev consiguió "parcialmente" su objetivo.
En total, según Defensa, las defensas antiaéreas rusas derribaron esta noche 646 aparatos no tripulados de ala fija sobre trece regiones de la parte europea del país, la anexionada península de Crimea y los mares Negro y Azov.
La ofensiva ucraniana con drones contra infraestructura energética rusa se intensifica mientras Moscú reconoce el impacto económico de estas acciones. Las autoridades rusas mantienen un hermetismo creciente sobre los daños y la capacidad de procesamiento de sus refinerías, en un contexto de ataques que buscan desestabilizar el suministro de combustible y la economía rusa.
