Anthropic, la empresa detrás del chatbot Claude, ha librado una campaña persistente para que el Vaticano acepte la posibilidad de que los modelos de inteligencia artificial puedan ser conscientes. Según informaciones del New York Times, la compañía ha organizado durante meses encuentros reservados con eruditos religiosos de distintos países, amparados por acuerdos de confidencialidad, con el objetivo de convencerlos de que sus sistemas piensan y sienten. El esfuerzo llegó hasta la Santa Sede, donde Christopher Olah, cofundador e investigador sénior de Anthropic, intentó sin éxito modificar la postura oficial del Papa León XIV.
Una encíclica que cerró la puerta
En mayo, el Papa publicó su primera encíclica, titulada "Magnifica Humanitas", centrada en la defensa de la vida humana en la era de la inteligencia artificial. El documento aborda directamente la cuestión de la consciencia de las máquinas con una claridad que no dejaba margen a la ambigüedad. "Las llamadas inteligencias artificiales no experimentan vivencias, no poseen un cuerpo, no sienten alegría ni dolor, no maduran a través de las relaciones y no saben desde dentro qué significan el amor, el trabajo, la amistad o la responsabilidad", escribió el pontífice. Aunque reconoció que estos sistemas pueden imitar el lenguaje y simular empatía, subrayó que "no comprenden lo que producen".
Antes de la publicación de la encíclica, los responsables vaticanos habían decidido invitar a una gran empresa de IA a intervenir junto al Papa, y eligieron a Anthropic por su aparente prioridad a las cuestiones éticas. Olah aceptó la invitación después de que el consejero delegado, Dario Amodei, declinara asistir. Sin embargo, antes de viajar, Olah recibió una copia del texto que el Papa estaba a punto de publicar y, al comprobar que descartaba por completo la posibilidad de consciencia artificial, amenazó con retirarse del evento, aunque finalmente acudió.
Presión en el Vaticano y señales de introspección
Una vez en la Santa Sede, la delegación de Anthropic presionó a los asesores del Papa para que tomaran en serio la hipótesis de una consciencia artificial. La empresa declinó comentar los detalles de esas conversaciones cuando el New York Times se puso en contacto con ella. Durante su intervención pública, Olah insinuó que los investigadores de Anthropic estaban hallando "estructuras que reflejan resultados de la neurociencia humana" y "evidencia de introspección".
La postura del Vaticano no ha variado. El pasado viernes, León XIV arremetió contra el arte generado por máquinas y afirmó que "los algoritmos carecen de la chispa de la humanidad". En un mensaje en redes sociales, el Papa escribió que "existe una diferencia ontológica, incluso antes que estética, entre el arte y lo que una máquina puede generar mediante cálculo estadístico a partir de millones de imágenes creadas por otros".
El empeño de Anthropic por instalar la idea de una IA consciente en el debate religioso y ético no ha encontrado respaldo en la doctrina vaticana. La encíclica y las declaraciones posteriores del Papa mantienen una distancia clara entre la capacidad de simulación de las máquinas y la experiencia humana, un criterio que la empresa no ha logrado modificar pese a sus gestiones.
