
Abundancia ordinaria: el asombro de lo cotidiano
Un paseo por un apartamento moderno revela que la abundancia ordinaria que damos por sentada fue, para generaciones pasadas, el límite de la felicidad humana. Cada objeto cotidiano —desde la música a la carta hasta el agua corriente— esconde una historia de asombro y esfuerzo.
Edward Bellamy imaginó en 1888 que la música bajo demanda sería "el límite de la felicidad humana". Hoy, un altavoz reproduce cualquier canción en segundos, pero hace poco más de un siglo escuchar música requería instrumentos o intérpretes cercanos, y las melodías favoritas podían pasar años sin oírse.
El asombro de lo ordinario
La electricidad, que ilumina cada habitación con solo pulsar un interruptor, dejó atónitos a los primeros testigos. En 1880, cuando Wabash, Indiana, se convirtió en una de las primeras ciudades iluminadas por completo con luz eléctrica, un testigo describió la escena: "La gente, casi conteniendo la respiración, permaneció abrumada por el asombro, como en presencia de lo sobrenatural".
El agua corriente, que fluye al abrir un grifo, fue una revolución sanitaria. En 1842, la llegada del agua de Croton a Nueva York provocó un júbilo generalizado, según el diario de Philip Hone. Antes, los pozos de Manhattan compartían suelo con letrinas y cementerios, y una epidemia de cólera había matado a 3.515 neoyorquinos una década antes.
La fotografía, que hoy guarda recuerdos en un teléfono, maravilló a Elizabeth Barrett Browning en 1843: "La misma sombra de la persona que yace allí, fijada para siempre... Preferiría tener un recuerdo así de alguien a quien amé profundamente que la obra del más noble artista".
Progreso que se vuelve invisible
La nevera, que conserva alimentos durante días, fue un lujo inimaginable. En 1837, el primer envío de hielo de Nueva Inglaterra a la India fue celebrado por The Calcutta Courier como un evento de "no poca importancia". Sin almacenamiento en frío, los lácteos y la carne se estropeaban en un día.
La máquina de coser, llamada "la reina de los inventos" por Godey's Lady's Book en 1860, liberó a las mujeres de horas de costura manual. Antes, la mayoría de la gente poseía solo dos o tres conjuntos de ropa, y una camisa nueva requería unas catorce horas de costura a mano.
La bicicleta, que hoy es un simple medio de transporte, fue una herramienta de emancipación. Susan B. Anthony declaró en 1896: "Creo que ha hecho más por emancipar a las mujeres que cualquier otra cosa en el mundo. Me detengo y me regocijo cada vez que veo a una mujer pasar en bicicleta".
Un legado de esfuerzo
El apartamento, con su calefacción central, sus gafas para leer y sus libros impresos, es un museo de logros pasados. Thomas Jefferson escribió en 1796 que la tinta se congelaba en su pluma por el frío; hoy, la calefacción mantiene cada habitación templada. Los lentes, que corrigen la vista, fueron elogiados en un sermón de 1306 como "uno de los mejores y más necesarios del mundo".
La vacuna contra la viruela, que erradicó una enfermedad que mataba a cientos de miles de europeos cada año, fue celebrada por Thomas Jefferson en 1806: "Has borrado del calendario de las aflicciones humanas una de sus mayores".
El ensayo concluye que nuestra vida actual es una galería de los esfuerzos heroicos de generaciones pasadas. Recuperar la admiración por estas maravillas comunes honra su legado y nos recuerda que el progreso, aunque invisible, es real.
Por Redacción Tus Noticias Today
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