
El truco más escalofriante del cine en “Doce hombres sin piedad” no fue un grito: fue un cambio gradual que nadie en su momento había notado
Antes de que el cine se llenara de efectos especiales, pantalla verde y CGI, los realizadores y directores tenían que apañárselas con lo que tuvieran a su alcance. En la década de los 50, una película demostró que solo basta un truco de cámara para aumentar la tensión en una atrapante historia.
“Doce hombres sin piedad” transcurre por completo en una sola habitación, con doce señores sentados alrededor de una mesa. Ellos decidieron si un crío es culpable o no en un juicio que corre en paralelo a sus propias emociones. Este escenario limitado pone en evidencia la maestría en la dirección, donde cada detalle cuenta.
Si bien hay un cambio gradual en la narrativa que muchas personas no notaron en su momento, es este aspecto el que añade una capa de inquietud a la trama. A través de este ingenioso uso del espacio y la cámara, la película logra mantener la atención del espectador hasta el final.
La información disponible en el título y la descripción es limitada.
