
Los descensos más espeluznantes de la historia del ciclismo
Imaginen un puerto. Tiene carretera reviradísima. Herraduras, sí, pero sobre todo curvitas de esas que traicionan, que entras en ellas y bajan grados como un vuelo Málaga-Reykjavik. Además, hay vacas sueltas que dejan el camino perdido con moñigas: apestosas y deslizantes.
Imaginen también los limacos que resbalan, el verdín que resbala y un poco de barrillo que también resbala. La niebla se hace presente en este puerto, generando una nube que moja, que mira y no deja mirar.
A medida que los ciclistas se enfrentan a estos descensos, deben enfrentarse a retos únicos, donde la atención y el control son esenciales. Las condiciones adversas pueden hacer que estos descensos sean tanto peligrosos como emocionantes, convirtiéndose en un verdadero desafío para los mejores.
La información disponible en el título y la descripción es limitada.
