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Una a oda al self-hosting

Una oda al self-hosting: libertad y privacidad digital

¿Puedes vivir sin Google y sus servicios? La respuesta es sí, es posible. Además, es algo tremendamente liberador. El self-hosting, o autohospedaje, es la práctica de ejecutar y mantener sitios web, servicios y aplicaciones usando un servidor privado. También representa libertad y privacidad.

Esclavitud digital: con la llegada de la web 2.0, la red se convirtió en el dominio de unos pocos actores. La era del monopolio y del modelo de suscripción ahora nos condiciona al depender de servicios limitados. A diferencia de las licencias de software antiguas, las suscripciones restringen el acceso a los datos y afectan la privacidad y autonomía.

Libertad digital: el movimiento del self-hosting, inspirado en la tradición hacker, busca liberarse de estos monopolios. Las ventajas son claras:

  • Tus datos son tuyos.
  • Privacidad: nadie entrenará un LLM con tus datos.
  • Paga una vez y úsalo para siempre.
  • Adiós a las suscripciones.

Para comenzar en el self-hosting, primero necesitas un servidor. Algunas ideas incluyen:

  • Ordenador viejo (0 €)
  • Raspberry Pi 4 (aprox. 70 €)
  • Mini-PC Intel N100 (aprox. 180 €)
  • NAS listo (Synology DS220, aprox. 350 €)
  • VPS pequeño (5-15 €/mes)

Respecto al sistema operativo, hay múltiples opciones como Proxmox o Debian. Los servicios que puedes hospedar son variados, desde Docker hasta Jellyfin. Puedes buscar inspiración en repositorios como github.com/awesome-selfhosted/awesome-selfhosted.

Copia de seguridad: es fundamental proteger tus datos con copias de seguridad siguiendo la regla 3-2-1. La información disponible en el título y la descripción es limitada. ¡Libérate de tus cadenas digitales!